Son tantas y tantas las personas a las que quiero mostrar mi agradecimiento que en un principio barajé la idea de elaborar un tomo adicional para incluir este apartado. Finalmente acabé recapacitando y los resumí en una sola página. Si aún así como consecuencia de este acortamiento hubiera alguna persona que se sintiera ofendida o en su caso herida en lo más íntimo de su ser porque no la haya mencionado expresamente vayan por delante mis más sinceras disculpas. Desde luego que en ningún momento ha sido esa mi intención. A pesar de mi sincera solicitud de perdón, en el caso de que entre ellas alguna haya sentido violentado su honor hasta un punto lo suficientemente visceral como para exigir una compensación para el daño causado deseo aclarar ante todo, y dejar de paso constancia en las siguientes líneas, de que:
Uno, los duelos no le sientan muy bien a mi salud. Lo de coger una neumonía por batirme al amanecer, algo muy presumible dado el clima que reina aquí en el norte, no es algo que me atraiga en exceso, por romántico que suene de primeras.
Dos, ahondando en el punto anterior. Soy muy torpe manejando útiles cortantes, con un poco de suerte acabaría sacando un ojo a un padrino. Ítem más, las armas de fuego me imponen mucho respeto y la pólvora me hace lagrimear espantosamente los ojos, con el consiguiente efecto antiestético.
Tres, mi abogado dispone de órdenes taxativas para interponer cualquier tipo de contrademanda a tanto el kilo de legajo; y de lo bueno que es se trata de una auténtica fiera (además ni recuerda cuándo fue la última vez que comió caliente).
Aclaradas las posiciones ocupadas por ambas partes, el grupo de agradecidos y olvidados y el que esto suscribe, a continuación me dispongo a enumerar la lista de agradecimientos.
A todos aquellos que me han escuchado, con mayor o menor atención, mientras les contaba las tribulaciones afines al proceso creativo de un juntador de vocablos, en especial a los que han llegado al extremo de leer el producto de mi imaginación, y en particular a los que superando mis expectativas más optimistas incluso han mostrado su contento por la distinción.
A los establecimientos del barrio, y en especial a sus dueños y camareras y camareros, que me han facilitado cuantas servilletas precisé para plasmar mis súbitas ideas felices, puesto que siempre carecía de folios donde anotarlas.
A los que me proporcionaron la música que a base de acompañarme en muchas madrugadas, las más, y días (los menos), acabaron por entrar en el propio argumento de alguno de los cuentos.
Finalmente, y no por mencionarles en último lugar más lejos de mi corazón, a todos mis amigos, compañeros vitales y colegas, porque podéis estar seguros de que sin vuestra presencia (sin contar alguna ausencia sobrevenida, aunque dejando tras de sí una huella indeleble) yo no habría sido capaz de escribir ni una sola palabra.
Gracias por estar ahí y por ser cómo sois.
El Autor.