BIENVENIDOS A SAN QUINTÍN


San Quintín
es el nombre de un penal de probada fama que asimismo sirvió como título para una producción de la Warner: "San Quintín" (“San Quentin”, Lloyd Bacon, 1937), pero también era el irónico nombre con el que los que trabajaban para la productora, bajo el férreo control de Hal B. Wallis, se referían al estudio de Burbank.
A nadie le estaba permitido vaguear en la Warner, donde se seguía al pie de la letra aquella máxima de Benjamin Franklin según la cual el tiempo es dinero. Dado esto no extraña que no hubiera cabida para el desperdicio de cualquiera de ambos, muy en especial del segundo.
Las extenuantes jornadas de hasta catorce horas diarias se sucedían interminablemente unas a otras, día tras día. Una prueba del ritmo impuesto al equipo la constituye el hecho de que cuando Michael Curtiz, el director, terminó el rodaje tuvo que embarcarse de inmediato en el de su siguiente película.En ningún momento se pensaba en la elaboración obras maestras sino simplemente en ganar dinero, y cuanto más mejor. Sin embargo a pesar de esta finalidad mercantilista la oportuna acumulación de un gran número de magníficos profesionales hizo que en varias ocasiones se alcanzaran ambos fines.
Una vez explicado lo anterior se entiende que el emplear el nombre del penal para referirse a los estudios no resultaba precisamente inapropiado.